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N 17 Diciembre 2006
[ISSN 1886-2713]
Botnica  

:::El taginaste:::

Esquema de los diferentes pisos de vegetacin presentes en Canarias. Encontraremos los taginastes en la Zona de CumbreEn la formidable constelación botánica del Archipiélago, una familia muy extendida y diversificada es sin duda aquella que la ciencia conoce por el nombre Echium, una denominación de procedencia griega que identifica el hermoso despliegue de sus especies con una ‘víbora o culebra’. A excepción del Echium plantagineum o zuaja, el resto de especímenes isleños que acoge esta designación pertenecen a la fecunda nómina de endemismos canarios, un catálogo que supera el medio millar de taxones propios y el centenar de los compartidos con los demás territorios macaronésicos. Esa diferenciación, por cierto, se observa también en la nomenclatura ínsuloamazighe, ya que la zuaja (zuwagh, adj. vb. m. sing.) pertenece al campo semántico del ‘color rojo’ [Z•W•Gh], mientras que las voces ajinajo (aghinas, s. m. sing.) y taginaste (taghinast, s. f. sing.), términos que suelen portar las variedades locales, se explican a través de la ‘aguja’ con acepciones cosméticas que nos descubre el lexema [Gh•N•S]. Sólo la pininana (fnan, n. vb. m. sing.), el formidable arbusto palmero que vive en la laurisilva, adopta esa construcción peculiar sobre el lexema [F•N] ‘brotar’.

Taginastes en Las Caadas, con El Teide al fondo

Porque, también en el Continente, este ‘alfiler’ vegetal, que puede superar los dos metros de altura en algunos de sus ejemplares isleños, se aplica tanto a un Echium humile, la tainast del Hoggar, como a una ‘especie de maquillaje’, la taghenesnast del dialecto tuareg de los iwellemmedan orientales, en Níger y parte de Malí. Unas propiedades tintóreas perfectamente documentadas en nuestra historia antigua, como demuestra la descripción que realiza Abreu Galindo (ca. 1590, II, 4) de la indumentaria exhibida por los guerreros gomeros:

Peleaban con baras tostadas, y andaban en carnes, con solos pañetes de cuero pintados. Quando andaban de guerra traian atadas unas vendas por las frentes, deJunco majado texido, teñidas de colorado, y asul, la qual color daban con un arbol que llaman Taxinaste, cuías raíses son coloradas; y con la yerba que se dise pastel, con que dan color asul alos paños.

Aunque la primera reseña textual aparece un poco antes, en la obra del clérigo Vasco Díaz Tanco (1531, XVII), también referida a La Gomera, isla donde vivió durante siete años:

Alli machias con monstrua figura / veyendo ella nudo qualquiera parida / con uso coytino dél era tañida / después de salida la simple criatura / por do le solían cobrir la natura / con el tabinaste que está en los desiertos / y desta manera quedaban muy ciertos / que aquella parida estaría segura.

Si bien los usos asignados a esta planta, según informa Gaspar Frutuoso (1590, IX), abarcaban incluso otras actividades prioritarias: «[...] comían la carne cruda por no tener fuego, y ahora asada y cocida, después de que lo tuvieron, o descubrieran hacerlo con dos palos, uno llamado teinaste, que es duro, e otro tabaiba (del que se extrae visco), que es blando, frotando uno contra el otro».

Varios detalles de taginastes

Pero, como decimos, la voz taginaste, con su prolija corte de variantes y erratas, designa por lo menos a una docena de plantas arbustivas, cuya inflorescencia habitual presenta forma de cono y una bella coloración que va desde el rojo característico de la taginasta o fuego del Teide (E. wildpretii) hasta el blanco del E. simplex, E. decaisnei o E. leucophaeum, el espectacular azul-malva de la pininana (E. pininana) y otras variedades de azul, como la del ajinajo (E. hierrense y E. aculeatum), el E. handiense, E. webii, E. auberianum o E. callithyrsum, por citar algunos.

Todas las especies del género Echium, sean herbáceas o arbustivas, pertenecen a la familia de las Borragináceas y se distribuyen, cuando la actividad humana se lo permite, tanto por el piso bioclimático infracanario como en cotas superiores a los 1.500 metros. Cuatro pequeñas cápsulas o bayas con una sola semilla forman el fruto y florecen por lo general en la primavera, aunque los ejemplares de lugares áridos pierden la hoja con facilidad en condiciones desfavorables. No obstante, las abejas contribuyen también a garantizar su fertilidad.

Fuentes

ABREU GALINDO, Juan de. d. 1676 (ca. 1590). Historia de la Conquista de las Siete Yslas de Gran Canaria. [Hay ed. moderna a cargo de A. Cioranescu, publicada por Goya en 1977].

DÍAZ TANCO, Vasco. 1531. Los veinte triumphos hechos por Uasco Díaz de Frexenal. [Fragmentos referidos a Canarias, en Rodríguez Moñino 1943: 11-35].

FRUTUOSO, Gaspar. 1966 (1590). Livro Primero das «Saudades da Terra». San Miguel (Azores): Instituto Cultural de Ponta Delgada. [Hay ed. en español a cargo de E. Serra, J. Régulo y S. Pestana, publicada por el IEC en 1964 (FRC, XII)]. 

Bibliografía

AA. VV. 1992. Flora y vegetación del Archipiélago Canario. Las Palmas de Gran Canaria: Edirca.

BRAMWELL, David, y Zoë I. Bramwell. 2001. Flores silvestres de las Islas Canarias. Madrid: Rueda, 4ª ed.

CABRERA PÉREZ, Miguel Ángel. 2002. Flora autóctona de las Islas Canarias. León: Eeverest, 3ª ed.

RODRÍGUEZ MOÑINO, A. R. 1934. «Los Triunfos Canarios de Vasco Díaz Tanco». El Museo Canario 4: 11-35.

Autor: Redaccin

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