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Nº 18 - Enero 2007
[ISSN 1886-2713]
Sociedad  

:::El asentamiento:::

Los aborígenes habitaban en diferentes espacios, tales como cuevas naturales, cuevas artificiales, casas y cabañas.

Cuevas naturales

Cueva de Belmaco, en La Palma

Éstas son las viviendas más extendidas en las Islas, debido a la abundancia de ellas en la orografía del Archipiélago. Las más idóneas para su ocupación eran las que disponían en su entorno de una temperatura, vegetación y agua adecuadas. Es por ello por lo que, en general, se encontraban próximas a la costa, aunque también ocupaban cuevas de cotas superiores, sobre todo para aprovechar los pastos de montaña en verano.

Los aborígenes buscaban cuevas fácilmente accesibles, amplias y cerca del lecho de los barrancos; las acondicionaban, adaptándolas a sus necesidades, levantando muros o utilizando mamparas móviles de pieles o junco.

La entrada de la cueva era el espacio más iluminado y más transitado, porque lo destinaban a realizar todo tipo de trabajos domésticos o artesanales.

Cuevas artificiales

Cueva de las Cuatro Puertas, en Gran Canaria


Cuando la naturaleza del terreno lo permitía (zonas de tobas volcánicas), los aborígenes excavaban sus propias cuevas, las cuales las encontramos de forma aislada o en concentraciones en zonas próximas a la costa.

Para su construcción se eligen vertientes soleadas, construyéndose a veces rampas o escaleras para acceder a ellas y presentando rellanos en sus entradas. Generalmente están compuestas por una habitación central, a la que se abren estancias laterales, aunque en ocasiones presentan dos pisos escalonados.

Las plantas pueden ser cruciformes, cuadradas, rectangulares, trapezoidales, ovales, circulares, semicirculares o incluso irregulares. Para mejorar su iluminación y aireación, construían ventanas o claraboyas.

Interior y detalle de la Cueva Pintada de Gáldar, en Gran Canaria


Normalmente hacían una gran entrada y, al lado de ésta, dos lavaderos. Encima de la puerta abrían una pequeña ventana por la cual entraba luz en todas las habitaciones de la casa. Los cuartos eran grandes o pequeños según sus familias y necesidades, y también hacían muchos nichos donde situar utensilios domésticos, agujeros de asideros o silos interiores.

Estas cuevas aparecen de forma mayoritaria en Gran Canaria, aunque también existen bastantes ejemplos en Tenerife y Fuerteventura.

Tubos volcánicos

Los malpaíses dan lugar al aprovechamiento de tubos volcánicos subterráneos. Su situación por debajo del nivel de superficie permitía:

  •  Una mayor protección, al no ser visibles a distancia.
  •  Estar protegidos contra el fuerte viento de las islas orientales.
  •  Ser cálidos en invierno y frescos en verano.

Fueron ocupados estacionalmente mientras se aprovechaban los pastos de las inmediaciones de los malpaíses.

Predominan en Lanzarote y Fuerteventura, aunque también los encontramos en El Hierro y en Tenerife.

Casas

Restos de algunas casas de piedra en Gáldar, Gran Canaria


Las casas, debido a la abundancia de cuevas naturales, no estaban muy extendidas en las Islas, salvo en el caso de Gran Canaria, donde existían grandes poblados.

Para la construcción de casas contaban con albañiles y carpinteros. Las paredes se realizaban seleccionando y trabajando piedras que diesen una cara regular, especialmente en cimientos y esquinas, para formar una cara externa y otra interna, rellenándose su interior con piedras pequeñas y tierra que acabarán constituyendo muros de aproximadamente 1-1,50 metros. Los techos se preparaban con listones de madera de tea, sabina o cedro, luego una capa de losas planas de pizarra y finalmente una capa de ramas vegetales.

La planta interior de las viviendas era variable. La cruciforme facilitaba la sujeción de la techumbre, ya que reducía la distancia entre los laterales de las paredes y el espacio central.

Recreación del confortable interior de una casa canaria

Cabañas

Otro tipo de construcciones artificiales son las cabañas, generalmente con plantas ovales, circulares o cuadrangulares, y cuya puerta está orientada al lado opuesto de los vientos dominantes, cubiertas por un techo vegetal de maderos, ramas o paja.

Bibliografía

ARCO AGUILAR, Mª del Carmen del, y Juan Francisco Navarro Mederos. 1996 (1987). Los aborígenes. CCPC (Historia Popular de Canarias, 1).

MEDEROS MARTÍN, Alfredo, y Gabriel Escribano Cobo. 2002. Los aborígenes y la prehistoria de Canarias. CCPC.

Autor: Belkis Lopez

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