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N 9 - Marzo 2006
[ISSN 1886-2713]
Dice Chuy...  

:::Palabras para personas:::

Chuy junto a isleos de todas las edades

Tan famoso y extendido como el gofio, el arrorró es otro de los antiguos vocablos isleños que aún siguen con nosotros. Incluso en muchos países de América Latina, donde llegó con los emigrantes canarios, también se canta para acunar a los niños pequeños. Y es que su nombre hace referencia precisamente a las crías de ustedes los humanos, porque ro (o arraw) significa ‘niño (recién nacido)’. De ahí, arro-ró se puede traducir como lo hace la canción, es decir, ‘mi niño chico’.

Claro que, si el pibito resulta ser un poco llorón, no faltará quien lo llame guañaco. La terminación –aco es española, pero guaña o guaña-guaña es la denominación insular de la ‘pardela centicienta’, un ave marina que emite un sonido parecido a un grito de lamento o llamada. Entonces, se dirá que el chiquillo gurgunea o ‘lloriquea’.
Pero todos crecemos. Y cuando esa criatura ya empieza a dejar de ser un niño pero tadavía no llega a la condición de adulto, recibe el nombre de chirguete (‘muchacho’), donde también hay que separar el sufijo español –ete para obtener la verdadera voz isleña, esto es, tirg, que se debió pronunciar /chirgue/.

Ahora bien, al joven alto, fuerte y robusto se le ha calificado siempre de magalote o, en su forma original, maglut (que se lee /mag•lute/). Y, si se trata de una muchacha muy desarrollada, nos referimos a ella como una jurdana (ghurdan).

¡Vaya, cuántas palabras! Y casi todas han estado en uso hasta hace muy poquitos años. Seguro que tus abuelos todavía las recuerdan. Pregúntales.
Otras, en cambio, sólo viven ya en los documentos más antiguos de la historia de Canarias. Por ejemplo, las que designan a los adultos. Para conocer estos nombres tenemos que buscar en un libro escrito hace más de 400 años. Allí se nos dice que «Al hombre llaman coran, y a la mujer chamato». Pero estos vocablos destacaban además una característica peculiar en cada uno de ellos. Porque chamato, en realidad, nos habla de una ‘mujer que amamanta’, mientras coran es el ‘hombre que puebla o habita’. Enunciados estrechamente ligados a la actividad y a la vida, desarrollada en condiciones mucho más duras que las actuales. Por eso, alguien de 35 o 40 años, que todavía se puede considerar joven en nuestra sociedad, era entonces ‘viejo’ o iwhar, como Beneharo (We-n-ehar).

Bueno, me parece que por hoy le hemos dado un buen repaso a tus congéneres humanos. Ninguno desprende tanta luz como yo, aunque los antiguos isleños no estarían muy de acuerdo conmigo. Pero eso lo explicaré otro día…

Autor: Chuy

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