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N 18 - Enero 2007
[ISSN 1886-2713]
Historia  

:::Trados y olvidados:::

Dibujos de una nave fenicia

En rigor, y por pura lógica natural, un archipiélago volcánico carece de población autóctona. Y, puesto que las personas no crecen en un lugar como el musgo en la roca, es evidente que los primeros habitantes de Canarias debieron venir de alguna parte. De dónde procedían y cómo se produjo esa colonización humana de las Islas son preguntas que todavía aguardan una respuesta concreta. Por tanto, aquí sólo podemos ofrecer las hipótesis, a nuestro juicio complementarias, que la ciencia maneja al respecto.

La tierra adyacente

Por lo que hace referencia al origen étnico, hoy ya no se discute –con un mínimo de seriedad– la condición amazighe de esos protagonistas. Esto, con ser muy importante, pues circunscribe la búsqueda al África septentrional, tampoco cierra la indagación. Basta con echar una simple ojeada a un mapa para comprender el problema que representa hallar una solución más precisa. De Egipto al Atlántico y del Mediterráneo hasta el Sahel, he ahí el ámbito territorial por el que han circulado las poblaciones amazighes desde hace miles de años. Porque, y ésta es otra variable fundamental para comprender la complejidad de este asunto, las migraciones humanas forman parte de la historia amazighe casi tanto como el animismo, el gofio o la transmisión oral.

Las investigaciones, sean genéticas o culturales, arrojan cada día un poco más de luz, pero el camino que aún falta por recorrer es todavía inmenso, no sólo en las Islas sino también en el Continente. Además, todos los indicios disponibles llevan a pensar que ese poblamiento no ocurrió en un solo momento del pasado ni se efectuó por una sola comunidad amazighe. En consecuencia, diversidad temporal y tribal son factores que debemos considerar en los intentos de elucidación de esta incógnita que tantas elucubraciones ha generado.

Un derrotero complicado

Otro problema, desde luego nada menor, estriba en las condiciones y los medios interpuestos para desplegar esos procesos de migración marítima. Los regímenes de vientos y mareas que actúan en el Archipiélago y la costa noroccidental africana presentan unas características que, en general, no facilitan la singladura hacia unas Islas que no se ven desde el Continente. Así, pensar que esas arribadas fueron producto de una navegación de fortuna tampoco parece muy pertinente, pues ni las antiguas embarcaciones de los amazighes costeros ni sus conocimientos náuticos o geográficos se corresponderían con la magnitud que exige una colonización de este tipo. Es una opción posible, claro, pero poco probable como acontecimiento principal, aunque hubiera causas climáticas o sociales que empujaran a pueblos continentales hacia una aventura tan arriesgada.

Deus ex mâchina

Bajo estos condicionantes, la investigación se inclina por creer que estas poblaciones fueron traídas. De hecho, la tradición de los canarios insulares acerca de su origen podría interpretarse en tal sentido. Según el informe que recoge el cronista real Andrés Bernáldez [(ca. 1495) 1993: 510-511]:

Fue preguntado a los ancianos de Gran Canaria si tenían alguna memoria de su nacimiento, o de quién los dexó allí, y respondieron:
–Nuestros antepassados nos dixeron, que Dios nos puso e dexó aquí e olvidónos; e dixéronnos, que por la vía de tal parte se nos abriría e mostraría un ojo o luz por donde viésemos.

Aun colocados en esta alternativa, tampoco se puede decir que hayamos terminado con las incertidumbres. A juzgar por ese fragmento de la memoria isleña, da la impresión que la inicitiva del proceso no estuvo en sus manos. Un agente distinto de ellos, que la mitología nativa eleva a la condición divina, habría patrocinado el traslado. Pero, ¿quién? ¿Y cómo podemos estar seguros de que los instigadores del viaje son realmente los mismos que lo practicaron?

Rutas del comercio fenicio

Expediciones antiguas

El conjunto de dataciones arqueológicas más antiguas confirma presencia humana en el Archipiélago entre los siglos III y V antes de nuestra era (a.n.e.). Alguna fecha retrocede incluso hasta los umbrales de ese primer milenio, lo cual cae dentro de lo admisible, pero son datos muy escasos y precarios por el momento. Con todo, sabemos que los fenicios no sólo dominaban por entonces la navegación mediterránea, sino que habían cruzado el Estrecho de Gibraltar e iniciado la exploración de la costa atlántica africana.

En efecto, hacia el siglo VI a.n.e., el faraón Necao confía en las naves y la experiencia fenicias para emprender una de las grandes expediciones de la Antigüedad. La travesía, que partiría del Mar Rojo hacia el Sur, tardó tres años en circunnavegar toda la costa continental y volver por el Poniente. Las notaciones geográficas que pueden asociarse con Canarias no son nada concluyentes, pero resulta improbable que las Islas no surgieran en su camino. Otro tanto cabría decir del periplo que, un siglo más tarde, dirigió el almirante cartaginés Hannón. Sin embargo, en este caso aumentan las posibilidades de haber participado en el poblamiento insular, pues ya debía existir un conocimiento específico de la existencia del Archipiélago, al tiempo que la expedición perseguía tanto la exploración de la costa noroccidental africana como la colonización de la costa atlántica marroquí. Un proyecto geoestratégico como éste, que pretendía asentar población en ciertas zonas cardinales para el control de importantes rutas marítimas de la época, difícilmente debió dejar fuera de sus planes unas islas con la privilegiada situación de las nuestras.

Confinados

Estos episodios aportan sólo dos muestras de un surtido mucho más amplio de viajes antiguos que pudieron conocer el Archipiélago e implicarse en la llegada de sus primeros habitantes. Pero, con las pruebas antropológicas, históricas y lingüísticas disponibles, egipcios, fenicios, griegos o cartagineses habrían actuado únicamente como impulsores, armadores y embarcadores, ya que nada permite confirmar que las poblaciones trasladadas hasta aquí tuvieran un origen que no fuera líbico-amazighe. Una circunstancia que, en realidad, no debe causar extrañeza.

Fuentes egipcias, por ejemplo, mencionan el hostigamiento que estos pueblos (mashwash, tjehenu, tjemhu, etc.) ejercieron sobre el país del Nilo desde la segunda mitad del IV milenio a.n.e. La derrota cartaginesa frente a los griegos en Himera, hacia el 480 a.n.e., o frente a los romanos en la I Guerra púnica, entre el 264 y el 241 a.n.e., son algunos de los momentos y situaciones que introducen un factor muy importante a la hora de explicar estos movimientos de población: las deportaciones.

Desalojar comunidades hostiles para quebrar su resistencia constituye una práctica muy antigua, que además podía contribuir a colonizar territorios potencialmente estratégicos. Pero, ¿qué relación tiene un fracaso militar con esta actividad? Pues, antes como ahora, estas operaciones cuestan mucho dinero y el problema se agrava si, encima, uno resulta que pierde. ¿De qué manera se sufragan siempre estos gastos? Acentuando las tributaciones sobre los pueblos que ese Estado ya tiene bajo su control, práctica que no suele ser muy bien recibida por las comunidades afectadas, que tienden a sublevarse. Una secuencia que los pueblos amazighes del Continente han vivido una y otra vez durante casi toda su historia.

Mapa de la Mauritania Tingitana

Los Deslenguados

Y, precisamente, esas rebeliones, esta vez contra el poder romano, parecen haber sido la causa del arribo a nuestras Islas de, por lo menos, el último contingente amazighe. A partir de la destrucción de Cartago (146 a.n.e.) y hasta el cambio de Era, Roma tuvo que enfrentar una tenaz resistencia amazighe en sus posesiones norteafricanas. Las expatriaciones se hicieron más frecuentes:

Y, porque el delito cometido no quedase sin castigo, y para escarmiento de los venideros, tomaron todos los que habían sido caudillos principales de la rebelión y cortáronles las cabezas, y otros crueles castigos; y a los demás, que no se les hallaba culpa más de haber seguido el común, por no ser destruídos, por extirpar en todo aquella generación, y que no fuesen por ventura causa de otro motín, les cortaron las lenguas, porque do quiera que aportasen, no supiesen referir ni jactarse que en algún tiempo fueron contra el pueblo romano, Y así, cortadas las lenguas, hombres y mujeres y hijos los metieron en navíos con algún proveimiento y, pasándolos a estas islas, los dejaron con algunas cabras y ovejas para su sustentación. Y así quedaron estos gentiles africanos en estas siete islas, que se hallaron pobladas [Abreu Galindo (ca. 1590, I, 5: 7v-9r) 1977: 31].

Unos deslenguados que, según Bethencourt Alfonso [(1880) 1991: 122], habrían sido desembarcados en la costa sur de Tenerife y, de entre ellos, habría surgido un grupo sacerdotal que denomina babilones, apelativo por el que fueron conocidos también los habitantes de la Isla durante el siglo XIX. El vocablo no es de origen de amazighe, pero, en la tradición latina a la que pertenece, el adjetivo balbus se aplicó al ‘balbuciente, tartamudo’, hasta devenir un babilón hispánico como sinónimo de ‘bobo, torpe’ o el substantivo francés babil, ‘charla, parloteo’.

En cualquier caso, esta explicación del poblamiento ya fue sugerida por los cronistas franceses para el caso gomero, pues «hablan con los bezos como si carecieran de lengua, y por aquí cuentan que un poderoso príncipe mandó exiliarlos en ella a causa de algún crimen e hizo que les cortaran la lengua» [LC (d. 1494) 2003: 335].

Fuentes

ABREU GALINDO, Juan de. 1977 (ca. 1590). Historia de la conquista de las siete islas de Canaria. Ed. de Alejandro Cioranescu. S/C de Tenerife: Goya.

BERNÁLDEZ, Andrés. 1993 (ca. 1495). «Memorias del reinado de los Reyes Católicos», en Francisco Morales Padrón, Canarias: crónicas de su conquista. Transcripción, estudio y notas: 505-520. Las Palmas de Gran Canaria: Cabildo Insular, 2ª ed. (1978), (Ínsulas de la Fortuna, 2).

LC = 2003. Le Canarien. Manuscritos, transcripción y traducción. Ed. de Berta Pico, Eduardo Azanar y Dolores Corbella. La Laguna: Instituto de Estudios Canarios.

Bibliografía

ÁLVAREZ DELGADO, Juan. 1977. «Leyenda erudita sobre la población de Canarias con africanos de lenguas cortadas». Anuario de Estudios Atlánticos 23: 51-81. Madrid – Las Palmas: Patronato de la “Casa de Colón”.

JORGE GODOY, Soraya. 1992-1993. «Los cartagineses y la problemática del poblamiento de Canarias». Tabona. Revista de Prehistoria y de Arqueología VIII (1): 229-236. La Laguna: Universidad. 

JORGE GODOY, Soraya. 1996. Las navegaciones por la costa atlántica africana y las Islas Canarias en la Antigüedad. Canarias: Dirección General de Patrimonio (Estudios prehispánicos, 4).

TEJERA GASPAR, Antonio. 2004. «Tres etnónimos de tribus africanas en las Islas Canarias: canarii, caprarienses, cinithi», en Carmen Díaz Alayón y Marcial Morera (eds.), Homenaje a Francisco Navarro Artiles: 489-503. Academia Canaria de la Lengua y Cabildo de Fuerteventura.

Autor: Ignacio Reyes

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