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N 3 Septiembre
[ISSN 1886-2713]
La Lengua  

:::II. Las fuentes:::

Grabados de El Juln, en El Hierro

Conforme a los datos disponibles y a los resultados obtenidos hasta ahora por la investigación lingüística, el antiguo amazighe insular habría desaparecido poco tiempo después de terminar oficialmente la conquista europea. Por descontado, este proceso no fue ni uniforme ni instantáneo, pues esas primeras operaciones de colonización ocuparon desde 1402 hasta 1496. Además, la configuración espacial de cada una de las islas y su diferente densidad poblacional condicionaron también un despliegue colonizador que, en su constitución sociopolítica, tampoco fue homogéneo. En islas como Tenerife o Gran Canaria, allí donde la geografía era más abrupta o la población podía vivir apartada de los nacientes centros urbanos, la cultura y las formas de vida genuinamente tradicionales resistieron durante más o menos tiempo, con episodios y manifestaciones que se prologaron en algún caso hasta el siglo XVIII. Pero todo parece indicar que el siglo XVI ya conoció la decadencia de la lengua amazighe como sistema de comunicación dominante.

De ese antiguo amazighe insular, hoy se conservan materiales escasos aunque muy interesantes. En función del soporte a través del cual han llegado hasta nosotros, se suelen agrupar en tres categorías principales: (a) epigráficos (o arqueológicos); (b) documentales, y (c) orales. Cada grupo posee unas características particulares, las cuales imprimen un valor determinado a la información que transmiten.

Grabados del Barranco Tejeleita y de La Caleta, en El Hierro

Integran el primer conjunto, las fuentes epigráficas, todas las inscripciones alfabéticas producidas por los antiguos isleños. Grabadas sobre piedra, madera, cuero, hueso o cualquier otro material de cierta consistencia, contienen palabras sueltas o mensajes cortos. Sin embargo, hay dos problemas que dificultan su estudio de manera muy severa. Por una parte, no resulta nada fácil descubrir la fecha exacta en la que fueron confeccionadas. Se puede pensar que esto carece de importancia, ya que sólo aquellos insulares utilizaban esta forma de escritura. Pero durante los primeros siglos de la colonización europea, fueron muchos los esclavos moriscos introducidos en Canarias. Islas como Lanzarote o Fuerteventura, por ejemplo, recibieron grandes contingentes de estas poblaciones que, en realidad, eran amazighes arabizados e, incluso, romanizados. Por tanto, existe la posibilidad de que algunas inscripciones, como sucede con numerosas palabras empleadas todavía hoy, procedan de ese flujo cultural que arribó más tarde a las Islas.

Pero, además, otro factor complica el estudio de los materiales epigráficos: la ausencia de textos bilingües que permitan descifrar los signos empleados en su redacción. Puesto que no contamos con un manual de gramática y escritura nativas, sólo podemos hacer comparaciones con las antiguas variedades continentales, tampoco muy bien conocidas, para averiguar el valor alfabético de cada letra. Y, aun confiando en que no se hubieran producido muchas variantes insulares, ¿cómo saber qué modalidad o modalidades de ese código, llamado tifinagh, debemos escoger? He ahí algunas de las incógnitas que la ciencia todavía está un poco lejos resolver de modo satisfactorio.

Ésas son las únicas fuentes a las que podemos adjudicar con claridad la condición de directas, es decir, aquellas que ejecutaron los isleños antiguos por su propia mano. El resto, de época colonial y factura románica, se catalogan como fuentes indirectas. Ahora bien, entre éstas, algunas fueron compuestas por europeos que mantuvieron un contacto presencial con aquellas poblaciones o con sus descendientes inmediatos; otras, más tardías, sólo pudieron recoger la memoria oral o historiada (sujeta ya a diversas deformaciones). Así, pues, hemos de distinguir entre fuentes indirectas primarias y secundarias, respectivamente.

Ese primer capítulo, las primarias, incluye tanto documentación etnohistórica como oficial, es decir, hablamos de: (a) informes cartográficos y memorias de viajes; (b) crónicas coloniales, y (c) resoluciones oficiales (civiles y eclesiásticas). En cambio, para el grupo de colecciones secundarias habremos de dejar: (a) la transmisión historiográfica y (b) la tradición oral (viva o historiada). Y todo ello a través de manuscritos, no siempre originales y a veces mutilados o ‘revisados’, redactados en un castellano, latín, francés, italiano o portugués de hace varios cientos de años, con grafías y enunciados que, por tanto, corresponden a otra época en la evolución de esas lenguas.

Problemas de los que la transmisión oral tampoco ha quedado exenta. Las migraciones internas (forzadas o voluntarias), las distorsiones fonéticas, los desplazamientos semánticos o las influencias anacrónicas han ido oradando unas realizaciones lingüísticas que, confinadas en un menguante espacio sociocultural, van perdiendo su referencia idiomática original a lo largo de la historia.

En cualquier caso, y a pesar de tantas dificultades, todas estas fuentes rinden informes muy valiosos acerca del pasado y la identidad insulares. Pero apenas reflejan una imagen parcial: la de aquellos estados de habla contemporáneos del proceso de conquista y primer asentamiento europeo en las Islas. Sin embargo, su historia, la historia del amazighe insular, se remonta al primer milenio antes de nuestra era.

Autor: Ignacio Reyes

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