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N 18 - Enero 2007
[ISSN 1886-2713]
Dice Chuy...  

:::La medicina:::

Chuy nos muestra un preparado medicinal

En el número anterior de Mundo Guanche, empezamos a estudiar ciertos aspectos relacionados con la salud de nuestros antepasados. Lo hicimos repasando algunas de las enfermedades más frecuentes en las antiguas sociedades amazighes del archipiélago canario. Ahora que ya conocemos cuáles fueron los males, nos toca hablar de los remedios...

Antes de empezar, recordaremos las dificultades que presenta el estudio de esta parcela de nuestra historia antigua, condicionado, fundamentalmente, por la escasez de referencias documentales disponibles en las fuentes etnohistóricas. Una vez más, serán los restos humanos procedentes de los yacimientos arqueológicos, así como los distintos testimonios perpetuados por la tradición oral, los que posibilitarán una aproximación a la materia.

A continuación, analizaremos los productos y los procesos quirúrgicos empleados por nuestros ancestros a la hora de sanar ciertos males. Aunque, probablemente, la mejor medicina de todas las que poseían los antiguos isleños era la regularidad de su vida, lo sano de su alimentación y la templanza y benignidad del clima de las Islas, condiciones que favorecían que la vida de sus pobladores se prolongase a menudo hasta una edad avanzada para la época.

Productos medicinales

Para curar sus enfermedades, los isleños se valían de ciertos recursos terapéuticos proporcionados por el medio natural, de entre los cuales destacaban un buen número de plantas medicinales.

Por ejemplo, de las hojas del cardón extraían una especie de jugo blanco, amargo y nauseabundo, cuyo tufo era utilizado para despertar a los que permanecían dormidos. Esa misma leche, convertida en polvo, se aplicaba de forma externa para tratar las caries y las heridas producidas durante las sangrías.

Por su parte, la resina de la tabaiba dulce, una vez coagulada, se masticaba para desalivar y fortalecer la dentadura, mientras que el líquido de la tabaiba salvaje, pegajoso, acre y de olor desagradable, era empleado para cauterizar empeines. La corteza de esta misma planta se aplicaba sobre las articulaciones enfermas para que actuase como revulsivo, produciendo la irritación de la piel y la posterior formación de úlceras que supuraban abundantemente. Dicha práctica siguió siendo de uso habitual en el campo isleño a la hora de tratar la artritis crónica, antiguas luxaciones o fracturas cuya articulación no acababa de funcionar correctamente.

La sangre de drago se ingería para sanar disenterías y hemorragias del tubo digestivo, y se bebía con leche fría y desnatada como remedio contra la colitis. También se aplicaba de forma externa para secar y cicatrizar úlceras o para fortalecer las encías y los dientes.

El fruto del mocán, la yoya, era utilizada en la elaboración del chacerquén, una especie de miel que servía para quitar dolores y náuseas, pero también como astringente tras ser mezclado con la corteza del propio árbol. Además, se tomaba mezclado con el zumo de otras hierbas medicinales y con el suero de la leche, al que los isleños atribuían efectos laxantes.

Así mismo, se empleaba la tisana de greña, por sus cualidades diuréticas; las infusiones, conservas y jarabes de borraja, como sudorífero y expectorante; la miel de palma, como derivativo y el guarapo como refresco. Sin embargo, como veremos, no todos los recursos medicinales procedían del reino vegetal...

Entre los recursos terapéuticos obtenidos del reino animal, ocupaba un lugar destacado la manteca o mulan, que se untaba en la piel de los enfermos durante las escarificaciones y ciertas dolencias. También era utilizada por los luchadores, con el objetivo de resistir mejor los golpes durante las peleas. Si recibían heridas, también las trataban con estopas fabricadas con juncos, que eran previamente empapadas con manteca hervida.

Además, como ya hemos dicho, a la leche se le reconocían efectos laxantes. La tomaban en ayunas, con nata o mezclada con chacerquén, miel de palma u otras hierbas. También era utilizada como coadyuvante en el tratamiento de la disentería y en toda clase de hemorragias.

Por último, se obtuvieron rendimientos benéficos de determinadas aguas minerales, especialmente en la isla de Gran Canaria. A las aguas de Salinetas y Playa de Gando se les atribuían propiedades laxantes, mientras que las de Firgas, Teror, Azuaje y Valle de San Roque eran indicadas para tratar dolencias y fatigas del estómago.

Terapéutica quirúrgica y otras técnicas

Del reino mineral también se aprovechaban algunos objetos líticos, utilizados para realizar determinadas intervenciones quirúrgicas.

Por ejemplo, una de las técnicas de cauterización de heridas infectadas practicadas por los antiguos isleños consistía en la aplicación de tabonas calientes sobre la zona afectada. Aunque, en caso de tratarse de heridas asépticas, nuestros antepasados preferían tratarlas con musgo, hojas secas, cenizas o bálsamos naturales, pues creían que la sequedad les proporcionaba salud, mientras que la humedad era perjudicial.

Como hemos mencionado anteriormente, en las Islas también se practicó el remedio curativo más importante de la Antigüedad: las sangrías. Para aliviar dolores en los costados, disneas o sofocaciones de origen cardíaco o respiratorio y enfermedades de larga duración, nuestros ancestros practicaban la flebotomía en la vena del brazo, sin llegar a herir la arteria correspondiente. A menudo, el proceso daba resultado, ya que al salir la sangre disminuía la tensión de los tejidos y el dolor se calmaba.

Aunque, sin lugar a dudas, de todas las técnicas quirúrgicas practicadas en el Archipiélago, la que ha venido gozando de mayor fama es la trepanación. Ésta consistía en agujerear el craneo con el objetivo de retirar una o varias porciones del hueso, generalmente de forma circular. Huelga decir que dicha operación debía de resultar muy dolorosa, dada la ausencia de anestesia y lo rudimentario de los instrumentos líticos con los que se llevaba a cabo. La trepanación se debió de practicar en casos de dolores de cabeza muy fuertes, originados a menudo por tumores cerebrales.

Con fines similares, aunque empleando una metodología más benigna, se llevaban a cabo las escarificaciones, consistentes en efectuar cortes sobre la zona del craneo dolorida, para, posteriormente, aplicar sobre la herida grasa caliente de cabra.

Finalmente, como ya dijimos en el número anterior, las enfermedades más frecuentes en las antiguas sociedades amazighes del Archipiélago eran las de tipo traumático. Pues bien, para curar las fracturas de piernas y brazos, los antiguos isleños efectuaban un vendaje circular con tela de junco que era envuelto a su vez por vendas de cuero, untadas con resina de pino para darles consistencia. Después, colocaban la extremidad fracturada sobre un entablillado de tabaiba y la sujetaban con cuerdas de junco y tiras de cuero.

Bibliografía

BOSCH MILLARES, Juan. 1962. «La medicina canaria en la época prehispánica». Anuario de Estudios Atlánticos 8: 83-135.

BOSCH MILLARES, Juan, y Juan Bosch Hernández. 1981. La medicina en la provincia de Las Palmas, desde su origen hasta fines del siglo XIX. Las Palmas de Gran Canaria: Mancomunidad de Cabildos, Plan Cultural, Museo Canario. (Colección “Guagua”).

Autor: Chuy

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